4+1

Como sabéis, el 5 de julio teníamos prevista una actividad en Madrid. Hoy os contaré a grandes rasgos qué demonios pasó en aquel misterioso recinto.

Me levanté a las siete menos cuarto porque, a pesar de vivir justo debajo del aeropuerto de Coruña, mi madre tiene una cuanto menos  remarcable obsesión por la puntualidad que raya la paranoia. Llevé una camiseta de tiras y pantalones cortos con unos playeros porque estaban previstos unos 36ºC.

Llegamos allí a las ocho menos diez, más o menos, y me junté con los otros becarios. Tenía muchas ganas de verlos y cada vez más de llegar a Madrid porque la curiosidad me carcomía, not gonna lie. Total, que a una media hora de que abrieran las puertas, nos pusimos en camino por el aeropuerto de Alvedro. Había olvidado lo tediosos que son los rigurosos controles (y eso que los gallegos no son nada comparado con los ingleses…nos vamos a morir cuando lleguemos a Toronto). Como recordatorio, y más que nada para tenerlo aquí anotado por si yo me olvido porque apenas viajo en avión, lo primero fue pasar el control de metales (ya sabéis, poner los metales y el equipaje de mano en la bandejita que escanean ellos y luego pasar tú por el detector de metales), y luego mostrar la tarjeta de embarque y el DNI en el mostrador que hay junto la entrada del avión. Ya ni recuerdo cúando se facturan los equipajes. Ah, y no se pueden subir líquidos en el equipaje de mano, aunque sí comida…

Yo no tuve ningún problema en este proceso, ni a la ida ni a la vuelta, así que ahí quedó todo. Estuvimos esperando un poco a la cola para embarcar pero nos acomodamos en el avión (de Iberia, y todo el mundo diciéndome que nos iban a llevar en un jet privado…íbamos en clase turista lol) y el (los) viaje (s) transcurrieron sin incidentes (a la ida estuve hablando con Isma, David y Laura; a la vuelta estuve escuchando música, conversaciones a trozos y hablando con Jorge, David y Alex. También nos hicimos fotos, que no pondré aquí porque me cae bien Rosalía y no le haré bullying).

El calor no se puede describir. No era un calor asfixiante, pero a mí no me gusta el calor a partir de 30ºC (aproximadamente, no soy un termómetro), y yo jamás había estado en Madrid. Nos costó salir de Barajas ;-; pero salimos a tiempo y nos recogieron en un bus fuera del aeropuerto. Nos dieron bolsas, gorras y camisetas de la Fundación que luciré orgullosamente. El trayecto al palacio de los Duques de Pastrana lo pasé con Samu. Tuvimos que caminar unos metros que nos dolieron en el alma, pero cuando llegamos allí…¡había gente miraras por donde miraras, y todos aplaudiendo y celebrando nuestra llegada!

Lo primero que hicimos fue pasarnos por un mostrador, donde nos dieron una acreditación y una foto de un becado, que teníamos que localizar. A mí me dieron la de una chica de pelo rizo, cuyo nombre no recuerdo… A mí me encontró un chico llamado Manuel, creo que de Valladolid. Los últimos becados en llegar fueron los de Barcelona (incluso los de USA, que ya estaban en Madrid desde el día anterior, llegaron antes).

Cuando completamos aquel mosaico de fotos de becados nos hicimos una foto y luego pasamos adentro del recinto, donde entre todos nos las ingeniamos para montar un macro efecto mariposa con fichas de cartón de 1500 piezas. Nos dividieron en cinco grupos, yo estaba en el grupo 2. El momento de derrumbarlo todo para representar nuestro viaje de España a América fue genial.

Después nos fuimos a comer. Lo mejor fue probar los pancakes con auténtico MAPLE SYRUP (lo sé, lo sé…me envidiáis) y galleta holandesa. Y bueno, tras esa genial hora llenando la tripa nos fuimos a por una charla con dos expertos que con menos de 30 años ya eran internacionales y habían llegado al éxito. César y Raquel nos contaron sus historias y nos dieron tips sobre viajar al extranjero y cómo manejar nuestro futuro (tipo elegir carrera. Nos quedan dos años.). En esta charla nos dieron banderas, yo me las ingenié para conseguir las tres que había yey.

Y bueno, tras esa charla y el desfile con la “charanga” que metieron dentro del auditorio (OH, Y LOS DISCURSOS DEL PRESIDENTE DE LA FUNDACIÓN, EL EMBAJADOR DE CANADÁ Y EL EMBAJADOR DE LA CULTURA ESTADOUNIDENSE o algo así) nos despedimos, cogimos el autobús y unos refrigerios y volamos de nuevo a Coruña.

Me encantó poder conocer a más becados de España y reforzar relaciones con otros gallegos (ahora conozco a la gente con la que estaré el año que viene en North Bay), y de paso a las personas que hacen posible esto. Fue un día increíble (aunque agotador) y no dudaría en volver a repetirlo.

Fuente: https://goo.gl/VHBbyh

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